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Por Dirk Hoffmann, 07 de Noviembre de 2016

Hablando del calentamiento global, el enfoque es mayormente en el aumento de la temperatura de la atmósfera, que ya llegó a 1 °C comparado con temperaturas preindustriales, en promedio global. Pero no es solamente la atmósfera que se calienta.

Más del 90% de la energía adicional que el planeta absorbe debido al aumento de la concentración de los gases de efecto invernadero en la atmósfera es absorbida por los océanos. Un estudio reciente presentado por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) en su reciente Congreso Mundial muestra las consecuencias dramáticas del calentamiento acelerado que sufren los océanos del mundo.

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Crédito: IUCN

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Por Dirk Hoffmann, 24 de Octubre de 2016

Según el estudio científico “Cambio glaciar y el riesgo de desbordes de lagunas glaciares en los Andes bolivianos” (Glacier change and glacial lake outburst flood risk in the Bolivian Andes) publicado en la revista científica The Cryosphere la semana pasada, y cuya elaboración contó con la participación del Instituto Boliviano de la Montaña – BMI, los glaciares bolivianos se han recogido un 43% entre 1986 y 2014.

A través de la formación de lagunas glaciares y los cambios en los ciclos hidrológicos resultantes del retroceso glaciar, se pone en peligro a muchas comunidades de alta montaña, constatan los autores. Publicamos a continuación la nota de prensa preparada por la Unión Europea de las Geociencias (EGU).

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Glacier and Laguna glaciar en los Andes bolivianos; crédito: Simon Cook

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Por Dirk Hoffmann, 19 de Septiembre de 2016

A mediados de agosto pasado, se encontraron investigadores, profesionales y tomadores de decisión en la ciudad de Huaraz, Perú, la sede del recientemente fundado Instituto Nacional de Investigación de Glaciares y Ecosistemas de Montaña (INAIGEM) para debatir sobre opciones de adaptación y maneras de enfrentar los crecientes riesgos.

El “Foro Internacional de Glaciares y Ecosistemas de Montaña” destacó la relevancia de la investigación en regiones de alta montaña para hacer frente a los impactos del cambio climático, como ser el retroceso de los glaciares, la formación de peligrosas lagunas y los cambios en la biodiversidad altoandina.

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Por Alan Forsberg, 22 de Agosto de 2016

El fuerte evento “El Niño” de fines de 2015 y 2016 ha dejado el sur de la Amazonía en un estado mucho más seco que durante las dos últimas grandes sequías de 2005 y 2010.

En base a esta observación, un grupo de científicos de los Estados Unidos está proyectando que este año será un año con una gran cantidad de incendios en la parte sur de la región amazónica, que alberga la Amazonía boliviana. El siguiente texto escrito por el científico Alan Forsberg está también disponible en inglés.

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El humo de los múltiples incendios en la región de Mato Grosso de Brasil en una fotografía tomada por el astronauta de la Estación Espacial Internacional el 19 de agosto de 2014. Créditos: NASA.

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Por Dirk Hoffmann, 08 de Agosto de 2016

La red de investigación global del impacto del cambio climático en la biodiversidad en ambientes alpinos GLORIA, establece sus sitios de monitoreo a largo plazo en las cordilleras del mundo en sitios sometidos a la menor intervención posible. Sin embargo, en la región andina esto resulta difícil debido a la milenaria presencia humana. Por eso es de suma importancia incorporar las actividades antrópicas en la documentación y los protocolos de GLORIA, argumentan los investigadores Karina Yager, Dirk Hoffmann y Stephan Halloy.

De acuerdo a lo anunciado en la última entrada al Klimablog, reproducimos a continuación una versión resumida y levemente adaptada del capítulo “Aspectos socioeconómicos y culturales en las áreas experimentales de GLORIA”, publicado en la 5ª edición del “Manual para el trabajo de campo del Proyecto GLORIA”.

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Por Dirk Hoffmann, 01 de Agosto de 2016

La red de monitoreo GLORIA, la “Iniciativa para la Investigación y el Seguimiento Global de los Ambientes Alpinos”, es la más importante red de monitoreo a largo plazo de la biodiversidad frente al cambio climático en ámbitos de alta montaña.

Hace poco, el “Manual para el trabajo de campo del Proyecto GLORIA" salió en su 5ª edición y está disponible en español en formato digital en la página del proyecto.

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Por Dirk Hoffmann, 18 de Julio de 2016

Un nuevo estudio científico publicado en la revista Nature afirma que la distribución de las nubes alrededor del globo ha sufrido cambios durante los últimos 30 años debido al cambio climático.

Según los investigadores, bandas de nubes han sido desplazadas hacia los polos en ambos hemisferios, expandiendo las zonas secas subtropicales y aumentando el calentamiento global.

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Por Dirk Hoffmann, 16 de Mayo de 2016

Los Contaminantes Climáticos de Vida Corta (CCVC, o también SLCP en inglés: Short Lived Climate Pollutants) son agentes atmosféricos contribuyentes al calentamiento global y al mismo tiempo degradan la calidad del aire. Tienen una vida útil relativamente breve en la atmósfera (entre pocos días a unas pocas décadas), a diferencia del CO2, que permanece en la atmósfera durante siglos o milenios después de emitido.

En la entrevista que sigue, la abogada ambiental Florencia Ortúzar de AIDA nos explica que aunque la reducción de emisiones de dióxido de carbono es esencial para mantener el aumento de temperatura por debajo de 2 °C a largo plazo, la disminución de los CCVC ofrece un importante aporte en esta difícil tarea.

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Por Jan Spickenbom y Marlene Quintanilla, 09 de Mayo de 2016

El cambio climático afectará a las Tierras Bajas y Yungas de Bolivia con incrementos de la temperatura media entre 1 °C a 2 °C al año 2030. Este es el resultado realmente asustador de las modelaciones climáticas realizadas por la Fundación Amigos de la Naturaleza (FAN).

Presentamos a continuación el texto sobre el futuro comportamiento de las temperaturas atribuidos al cambio climático, levemente abreviado, de Jan Spickenbom y Marlene Quintanilla y tomado del “Atlas Socioambiental de las Tierras Bajas y Yungas de Bolivia”, que se ha presentado en el Klimablog el 18 de abril de 2016.

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El aumento de temperatura pronosticada al 2030 durante la época seca (izq.) y la época húmeda (dcha.)

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Por Dirk Hoffmann, 02 de Mayo de 2016
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El 26 de abril de 1986, en el lejano lugar Chernóbil, de lo que en ese entonces era todavía la Unión Soviética, se produjo el peor accidente nuclear de la historia, que contaminó gran parte de Europa y de territorio soviético.

Con diferentes ceremonias, la semana pasada se conmemoró el 30 aniversario del accidente que costó la vida y afectó la salud de millones de personas y cuyos costos económicos son sentidos hasta hoy día.

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La planta nuclear de Chernobíl después del accidente de 1986; fuente: mohawkhairstylesforblackwomen.science

Después de 30 años, siguen los costos humanos y económicos

30 años después de accidente nuclear en Chernóbil, hoy parte de Ucrania, la mayor catástrofe atómica de la historia de las plantas nucleares, es también 5 años después del segundo mayor accidente atómico que ocurrió el 11 de marzo de 2011 en Fukushima en Japón.

Cuando el bloque 4 de la central nuclear de Chernóbil explotó durante una operación de rutina el día 26 de abril de 1986, el mundo tardó varios días en enterarse de lo que había pasado. Con un inadmisible retraso las autoridades soviéticas admitieron la explosión y la liberación de grandes cantidades de material radioactivo.

Más allá de la extrema contaminación radiar en la zona de la planta atómica, una gran nube de Cesio-137, el isótopo más volátil, se había expandido sobre gran parte de Europa central y del norte, y la parte occidental de la Unión Soviética. En el sur de Alemania se puede detectar el Cesio-137 todavía hoy día, y seguramente en muchas otras regiones que sufrieron el paso de la nube radioactiva invisible. De igual manera, los depósitos nucleares de las explosiones atómicas de ensayo en el Pacífico por Francia y Estado Unidos en las décadas de la postguerra que se pueden detectar todavía en la región, pero también en el hielo de Groenlandia.

La ciudad socialista modelo de Pripyat de unos 50.000 habitantes y que había sido construida en 1970 para albergar a los ingenieros y trabajadores de la planta nuclear de Chernóbil, fue evacuada en los días después de accidente. En total, 400.000 personas tuvieron que ser evacuadas. Lo que inicialmente había sido anunciado como una medida de precaución por un par de días, continúa hasta hoy – probablemente continuará por unos siglos más debido a los altos niveles de radiación.

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Vista actual de la central nuclear de Chernóbil; fuente: Ingmar Runge/wikipedia

La equivocada propuesta nuclear frente al cambio climático

A pesar de las evidencias de los peligros que representa el uso civil de la energía nuclear, todavía hay países en el mundo que siguen construyendo nuevas "bombas de tiempo“, reactores nucleares que por alguna combinación de factores poco probables –pero siempre posibles- pueden explotar y crear nuevas catástrofes atómicas.

También hay científicos, como el renombrado científico climático James Hansen, que abogan por el uso de la energía nuclear, como solución al calentamiento global. En un reciente documento de posicionamiento frente a la opinión pública, varios científicos han presentado un “escenario ilustrativo”, según el cual la construcción de "115 reactores por año hasta 2050” puede descarbonizar el sistema eléctrico del mundo entero.

Más allá de que esto no es factible en términos económicos, ¿qué ganamos si con cada nueva planta nuclear aumenta el riesgo de otro accidente catastrófico al estilo de Three Mile Island, Chernóbil, Fukushima – o incluso de mayores dimensiones? Recordemos que en el caso de Chernóbil solo se escapó el 5% del material radioactivo contenido en el reactor. Igual en el caso de Fukushima el mundo ha tenido una cierta suerte, porque el derretimiento dl núcleo no había sido completo.

En un documento estratégico la Agencia de la Energía Nuclear (NEA) y la Agencia Internacional de Energía (IEA) han presentado un “Camino tecnológico hacia adelante” (Technical Roadmap) para el futuro de la energía atómica en un mundo de cambio climático. En este escenario optimista (según los propios autores), el porcentaje de electricidad generado por plantas nucleares en el mundo aumentaría del 11% actual a un 17% en el año 2050. Estas cifras muestran de forma contundente que el aporte de la energía nuclear en reducir el calentamiento global es bastante reducido.

Cómo la tabla (abajo) indica, el número de centrales nucleares que se comenzó a construir por año ha bajado constantemente desde sus tiempos de auge entre finales de los años 60 y finales de los 70 hasta comienzos del siglo XXI, con bajones después de cada uno de los tres grandes accidentes atómicos.

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Numero de inicios de construcción de plantas nucleares en el mundo, de 1955 a 2014; fuente: IAEA vía ClimateProgress.org

La muerte de la energía nuclear en sociedades democráticas con economías de mercado

Antes del accidente atómico de Fukushima en 2011, ocurrido en un país altamente tecnificado, en los países del occidente persistía la creencia de que un accidente al estilo Chernóbil solo fuese posible en países menos avanzados tecnológicamente y con estándares de seguridad muy por debajo. Al haberse visto equivocada, en consecuencia de la catástrofe de Fukushima el canciller alemán Angela Merkel determinó el cierre total de las centrales nucleares alemanas todavía en funcionamiento hasta el año 2022.

Otros países, como Italia y Suiza, ya habían decidido salir de la energía nuclear. Finlandia no consigue terminar la construcción de su reactor Olkiluoto, que cuenta con 10 años de retraso y un costo de 5 millones de euros adicionales al costo previsto. Lo mismo en Inglaterra, donde ahora se trata de construir una nueva planta atómica con tecnología francesa y financiamiento chino; algo inédito en Europa occidental y una muestra que en sociedades democráticas con economías de mercado es casi imposible construir nuevas centrales, debido por una parte a la falta de aceptación por la población, pero fundamentalmente por la falta de perspectiva económica frente a los costos cada vez más bajos de las energías renovables. Cómo ya había comentado en el Klimablog, la energía nuclear es demasiado peligrosa y demasiado cara para ser opción contra el cambio climático. Punto.

 

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