Por Dirk Hoffmann & Moira Zuazo, 21 de Marzo de 2016
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El nuevo número de la revista peruana “Revista Interquorum. Nueva Generación”, está dedicada a las “Alternativas al Extractivismo” y reúne artículos para enriquecer el debate latinoamericano en la búsqueda de alternativas al modelo de desarrollo, basadas en una sociedad con justicia y sostenibilidad ambiental.

En el primer artículo de la publicación titulado “Cambio climático y transiciones”, Dirk Hoffmann y Moira Zuazo argumentan la necesidad de una “gran transición” en democracia para garantizar la continuación de la civilización humana frente a la amenaza de los crecientes impactos del cambio climático. Publicamos a continuación una versión abreviada del texto original.

 

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Sobre todo después de la Segunda Guerra Mundial mediante nuestras emisiones de gases de efecto invernadero, los seres humanos hemos provocado la transformación del sistema climático a un estado nuevo, inédito para la larga historia humana.

Actualmente, la concentración atmosférica de dióxido de carbono (CO2), el gas de efecto invernadero más importante, ha llegado a su nivel más alto en los últimos 800.000 años. En mayo de este año la concentración de CO2, ha pasado el umbral de los 400 ppm (partes por millón), cifra que está mucho más allá del umbral de lo que se considera la frontera, para la “no interferencia peligrosa” con el sistema climático.

¿Vivimos en un mundo de ciencia ficción?

Como resultado de este panorama, la temperatura de la atmósfera ha aumentado en 0,9 °C desde la Revolución Industrial y contiene un 6% más de humedad. El aumento de vapor de agua, a su vez, hace que el estado energético de la atmósfera sea más alto, lo que provoca la alteración de los vientos y las corrientes marítimas a escala global. Este estado energético de la atmosfera provoca un mayor número de eventos de precipitación extremos.

Este panorama nos permite observar y concluir que en las próximas décadas el propio cambio climático será cada vez más, el detonador de sequias, inundaciones, retroceso de zonas costeras, crisis alimentarias. Fenómenos que evolucionaran en conflictos por el agua, Estados fallidos y crisis de refugiados. La expectación global de este panorama promoverá debates que motorizarán acciones y decisiones que llevan al emprendimiento de procesos de transición dispersos en los diferentes lugares del globo.

Una primera muestra de la presencia de “un tiempo distinto con un espíritu de tiempo distinto” la observamos emergiendo en cada uno de nuestros espacios de convivencia familiar en nuestras pantallas de televisión. Hoy se ha posicionado la imagen de grandes masas de refugiados, ya no en África ni en Asia que son imágenes que no llegan al Sur global, sino en Europa el viejo continente y vieja centralidad.

Hoy aparecen las primeras voces y reflexiones, que piensan la relación entre eventos climáticos extremos cada vez más frecuentes y la protesta con los pies ante Estados fallidos de los cuales no solo no se espera nada bueno, sino de los cuales más bien cabe esperar violencia, el cuadro se completa con la imagen de las masas de refugiados cuando nos preguntamos ¿En qué medida son refugiados climáticos que lo han perdido todo pero no la esperanza?

¿Una gran transición?

La realidad de los impactos del cambio climático nos obliga a reducir la concentración de dióxido de carbono en la atmósfera de los actuales 400 ppm a menos de 350 ppm, probablemente sería necesario una reducción a 300 ppm de CO2.

Esta cifra de concentración del CO2 en la atmósfera es el indicador más importante para pensar en un norte común para la humanidad, tal como está estipulado por la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático (CMNUCC): “El objetivo último de la presente Convención (...) es lograr (...) la estabilización de las concentraciones de gases de efecto invernadero en la atmósfera a un nivel que impida interferencias antropógenas peligrosas en el sistema climático” (Art. 2º).

Para alcanzar el objetivo de bajar el actual nivel de concentración de dióxido de carbono a menos de 350 ppm, tenemos que emprender una “transición” hacia un mundo de cero carbono en 2050.

Esto significa que el 80% de los yacimientos conocidos de carbón, petróleo y gas deben permanecer bajo suelo de forma permanente. También significa, que la exploración de nuevos yacimientos es incompatible con la vida humana sobre la tierra.

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Escena en la Cordillera Real de Bolivia

Desde el horizonte de visibilidad del valor de la justicia estamos ante un proceso que debería guiarse por el concepto de justicia climática, una línea que nos muestra un camino con procesos de velocidades diferentes en diferentes países, de acuerdo con sus responsabilidades históricas y capacidades actuales; pero ante un norte común ineludible.

¿Existen alternativas a la transición?

A inicios del Siglo XXI observamos que el cambio climático es el gran condicionante de los procesos de transición, porque establece el marco y la orientación global. En este entender, es más preciso hablar de una gran transición, en singular, con múltiples facetas.

El mundo entero tiene que transitar de un modelo económico basado en la quema indiscriminada de combustibles fósiles –carbón, petróleo y gas- , que constituyen el núcleo y sostén de la civilización occidental globalizada, a otro modelo económico y civilizatorio de cero carbono.

No existen alternativas a la transición si queremos mantener una civilización global basada en valores humanistas y democráticos. La alternativa a la Gran Transición no solamente significa la destrucción del planeta, sino la destrucción de cualquier perspectiva de una convivencia medianamente pacífica entre los pueblos.

¿Un proceso democrático y plural de transición?

La tarea es iniciar el tránsito de una civilización cuyo pilar es la quema de combustibles fósiles hacia una nueva forma de relacionamiento del ser humano con la naturaleza, de la cual forma parte inextricablemente. Lo que guía esta transición aunque no se limita a ello, es llegar a un mundo de cero carbono hasta mediados del actual siglo. Esto es en 35 años, por lo que queda establecido un camino que debemos iniciar a más tardar, ahora mismo.

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¿Cómo hacerlo? – Es necesario un proceso social que será cada vez más político, que solo puede ser un proceso profundamente democrático y radicalmente plural. Democrático porque este es el único camino posible para que la Gran Transición pueda tener éxito, y deberá ser también plural y autogestionario: Se necesitan miles de transiciones en todas partes del mundo, a nivel local, en las familias, en las costumbres de consumo de cada una y de cada uno, en las políticas nacionales y sobre todo en las estructuras económicas.

El espíritu del tiempo que se abre aunque es aún muy incipiente y por momentos aparece solo muy tímidamente, nos permite entrever un proceso democrático y global. Un proceso democrático porque a pesar de las dificultades que implica la voz de la diversidad, la magnitud del cambio necesario empieza a marcar y definir el espíritu del presente y se muestra como un cambio civilizatorio que solo será posible alcanzar si están comprometidas las voluntades, creatividades, acciones y decisiones de cada uno de los humanos que habitamos la Tierra.

Esta Gran Transición solo será posible si en cada hombre, en cada mujer, en las comunidades, empieza a gestarse un movimiento individual, local y global que a contracorriente y a pesar de los medios masivos de comunicación, a pesar de los grandes intereses económicos de empresarios y de políticos, se mueve y es motorizado por la evidencia y magnitud de la amenaza.

Un movimiento subterráneo que aflora en diferentes capas y en muchos y muy diversos lugares, por tanto, es un proceso en el que la responsabilidad es de cada uno de nosotros, es una responsabilidad de ciudadanía global inexcusable y urgente.

El cambio climático nos condiciona a iniciar una Gran Transformación mediante miles de transformaciones que ya no son una opción, sino una necesidad frente a su amenaza, así como una obligación moral frente a nuestros co-ciudadanos y fundamentalmente frente a las generaciones futuras.

 

 

 

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Por Dirk Hoffmann y Raoul Kaenzig, 14 de Marzo de 2016

Ya han pasado cinco años desde que el calentamiento global ha acabado con la vida del glaciar el Chacaltaya, alguna vez la pista de esquí con lift más alta del mundo, apoyado por la anterior ocurrencia del fenómeno de El Niño.

En la reciente publicación científica “Adaptación al cambio climático del sector de turismo en los Andes bolivianos” (Climate Change adaptation of the tourism sector in the Bolivian Andes) tres investigadores suizos han analizado las estrategias de adaptación del sector turístico de La Paz frente a la pérdida de una de sus principales atracciones.

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Vista de la Cabaña Grande del Club Andino hacia la Cabaña Chica

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Por Dirk Hoffmann, 07 de Marzo de 2016

En diciembre del año pasado, cuando los ojos del mundo estaban puestos en la Conferencia Climática de París, las autoridades de Oruro declararon completamente seco al Lago Poopó, una vez el segundo lago más grande de Bolivia.

Por la literatura científica y a través de testimonios de la población local sabemos, que el Lago Poopó se había secado en ocasiones anteriores. Sin embargo, frente a los impactos del cambio climático y un entorno socio-económico diferente, es pertinente preguntarse: ¿Se logrará recuperar?

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Nuestra misión de reconocimiento en medio del “Lago” Poopó.

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Por Dirk Hoffmann, 29 de Febrero de 2016

Fiyi, el primer país en el mundo a ratificar el Acuerdo de París de la reciente Conferencia Climática de las Naciones Unidas en Francia, ha sufrido el paso de tormenta tropical más fuerte jamás medido en todo el hemisferio sur.

El día sábado, 20 de febrero, el “Ciclón Winston” ha devastado el país, destruyendo cientos de casas e infraestructura, y matando por lo menos 44 personas.

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Destrucción causada por el “Ciclón Winston“ en Fiyi; fuente: gobierno de Fiyi.

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Por Dirk Hoffmann, 22 de Febrero de 2016

Hace meses, Zimbabue sufre una de las peores sequías de su historia. Pero el país no es la única víctima, también sus vecinos en la región del sur de África son sujetos al impacto combinado del cambio climático y del “Niño” más fuerte de los últimos 60 años.

A comienzos de mes el gobierno de Zimbabue ha declarado el “estado de desastre” en casi todo el país, porque un cuarto de la población -unos 2,5 millones de personas en las zonas rurales- necesitan ayuda humanitaria. Lo que dificulta la situación alimentaria son las malas perspectivas para la próxima cosecha de granos esenciales en toda la región debido a la sequía y el comienzo tardío de la época de lluvias.

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Una sequía extrema azota casi todo el país; fuente: Oxfam Zimbabwe

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Por Dirk Hoffmann, 15 de Febrero de 2016

América Latina es una de las regiones particularmente vulnerables al cambio climático, la agricultura a su vez es uno de los sectores más vulnerables y las mujeres constituyen un segmento de la población especialmente vulnerable. Pero, ¿cuál es la relación entre género, cambio climático y agricultura en nuestra región?

Para entender mejor esta relación y el accionar respectivo de las diferentes instituciones del sector, se desarrolló el estudio regional “Género, agricultura y cambio climático: estado y perspectivas desde la institucionalidad en Latinoamérica

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Por Isabell Nordhausen y Dirk Hoffmann, 08 de Febrero de 2016

¿Qué estrategias de vida tienen los hogares rurales del Norte de Potosí para adaptarse a las condiciones climáticas y socioeconómicas actuales? y ¿cuál es la influencia del cambio climático? ¿Cómo ha afectado el acceso al riego mediante proyectos de desarrollo a las condiciones de vida de las familias beneficiarias?

El estudio “Estrategias de hogares en el contexto del cambio climático: Riego familiar y migración rural en la región Norte de Potosí, Bolivia” de la geógrafa Isabell Nordhausen de la Universidad Libre de Berlín contribuye a la comprensión de las interrelaciones entre el cambio climático, la migración y la disponibilidad de riego en la región, y ayuda a identificar vulnerabilidades.

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Atajados en el Norte de Potosí

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Por Dirk Hoffmann, 01 de Febrero de 2016

Los pronósticos de los modelos climáticos para Bolivia son de un significativo aumento de temperatura de hasta 7 °C hacia finales de siglo. Entonces surge la pregunta, ¿qué está haciendo Bolivia para enfrentar los impactos de semejante aumento de temperatura?

Para dar respuesta a este interrogante, en el estudio “Navegando futuro. Dos experiencias de adaptación al cambio climático en Bolivia” he analizado políticas, programas y proyectos de adaptación al cambio climático en dos regiones de Bolivia: el Altiplano norte y el departamento del Beni.

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Por Dirk Hoffmann, 25 de Enero de 2016

El mundo ha llegado a otro triste récord: El año pasado ha sido el año más caliente jamás medido desde 1850. Y no solamente eso, la temperatura de 2015 muestra el mayor aumento de temperatura frente a los anteriores años récord.

En palabras de Peter Stott del servicio meteorológico de Gran Bretaña: “2015 ha sido un año que ha roto récords en nuestro clima. Temperaturas globales promediadas han llegado a ser 1°C por encima de niveles pre-industriales por primera vez.”

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La temperatura global desde 1850; fuente: Met Office

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Por Dirk Hoffmann, 18 de Enero de 2016

Al parecer, el “Súper-El Niño” 2015/16 ha llegado al máximo de los valores de anomalías de temperatura medidos en el Océano Pacífico en diciembre del año pasado. Debido a la inercia del sistema climático, los impactos principales en muchas regiones del mundo están todavía por llegar durante los próximos dos meses, como es el caso de Bolivia.

Hasta la fecha, los impactos de este El Niño en el país han sido relativamente moderados. Sin embargo, en Bolivia, ya ha cobrado una primera víctima: se secó por completo el segundo mayor cuerpo de agua, el Lago Poopó.

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El Niño siempre acelera el retroceso de los glaciares en el país. Cerro Chiar Kherini en 1995 (izq.) y 2012 (dcha.)

 

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