Por Dirk Hoffmann, 07 de Diciembre de 2012

Los escenarios de emisiones del SRES (Informe Especial de Escenarios de Emisiones del IPCC) del año 2000 han sido la base para el Tercer Informe (TAR) de 2001 y el Cuarto Informe (AR4) de 2007. Al mismo tiempo, han servido a la comunidad científica global de modeladores del clima durante toda una década (hasta la actualidad).

Recientemente la comunidad de los modeladores ha empezado a usar una nueva generación de escenarios, los “RCP” o “Trayectorias representativas de concentraciones” (Representative Concentration Pathways), desarrollados para el Quinto Informe del IPCC a ser publicado entre 2013 y 2014.

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Las emisiones reales (medidas) de la quema de fósiles en comparación a los escenarios de emisiones del IPCC de 2000. La flecha roja indica el nivel de emisiones actuales, mientras que la flecha negra mustra donde nos encontraríamos acorde a la trayectoria A2; elaboración propia en base a The Copenhagen Diagnosis, 2009.

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Por Dirk Hoffmann, 03 de Diciembre de 2012

Es una aparente contradicción. Realizar una conferencia mundial sobre cambio climático en el país de las mayores emisiones de CO2 per cápita del mundo (55 tn/año), que es el emirato árabe de Qatar, en una península del Golfo Árabe con una superficie terrestre de apenas 11.571 km².

Con una economía fuertemente dominada por las exportaciones de gas líquido y petróleo y un PIB por encima de los US$ 100.000 por habitante, hasta la fecha Qatar no se ha hecho notar en el mundo por sus ambiciones ecológicas, sino más bien por haber establecido la red noticiosa “Al Jazeera” y haber sorpresivamente obtenido la sede del Mundial de Fútbol de 2022.

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¿Por qué Qatar? - Una buena pregunta

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Por Dirk Hoffmann, 30 de Noviembre de 2012

Para poder obtener una idea de cuanto puede aumentar la temperatura global promedio en el futuro, se usan modelos climáticos globales (para detalles ver una de las siguientes entradas sobre modelos climáticos). Estos modelos calculan la temperatura en base a la concentración de gases de efecto invernadero (GEI) en la atmósfera, considerando principalmente al CO2 por su fuerte contribución al efecto invernadero.

Las futuras concentraciones de dióxido de carbono en la atmósfera, a su vez, dependen de las futuras emisiones de GEI. Las mismas no son conocidas porque dependen de muchos factores del comportamiento humano en el futuro. Por los motivos expuestos, es imprescindible la elaboración de escenarios de emisiones de CO2, tarea que desde 1992 ha encarado el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC).

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El Informe Especial de Escenarios de Emisiones del IPCC (SRES 2000) contiene el árbol con los grupos de escenarios principales de cuatro “trayectorias” y “familias” de escenarios (dcha.)

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Por Dirk Hoffmann, 26 de Noviembre de 2012

Hoy día comienza en Doha, capital del emirato arabe de Qatar, una nueva ronda de negociaciones en el marco de la Convención Climática de las Naciones Unidas para el Cambio Climático, la COP 18. Comparado con algunos años anteriores, p.ej. Copenhague 2009, las expectativas para alcanzar resultados concretos en la conferencia parecen ser muy bajas.

Pero, ¿no podemos esperar realmente nada dela COP 18 en Qatar? ¿O talvez hay acuerdos y avances posibles que sólo no se han comunicado todavía lo suficiente? - Para tratar de aclarar esta pregunta, desde el Instituto Boliviano de la Montaña (BMI) hemos lanzado una pequeña encuesta a personas entendidas en la materia, cuyos resultados presentamos a continuación.

Además, se comenta y adjunta un texto de análisis sobre estado, retos y tareas de las negociaciones climáticas escrito – a título personal - por René Orellana y Diego Pacheco, los dos negociadores oficiales de Bolivia enla COP18.

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Por Dirk Hoffmann, 23 de Noviembre de 2012

La quema masiva de combustibles fósiles, primero leña y carbón y más tarde petróleo y gas -que ha sido el motor y el eje orientador de la conformación de las sociedades industriales- ha liberado grandes cantidades de CO2 a la atmósfera, en una escala no experimentada antes por la Tierra. Tal vez con excepciones en ciertas épocas de alta actividad volcánica.

Debido a esta quema, la concentración del dióxido de carbono en el planeta ha aumentado a una velocidad sin precedentes de 280 ppm iniciales a 394 ppm en la actualidad, dando lugar al calentamiento global.

01_Concentraciones.jpgLas mediciones de CO2 se iniciaron en 1958, registrándose 314 ppm; hoy día tenemos alrededor de 394 ppm. Fuente: NOAA

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Por Dirk Hoffmann, 19 de Noviembre de 2012

El pasado 21 de agosto de 2012 se realizó el seminario “ Cambio climático y desarrollo sostenible en regiones de montaña de Bolivia” en la ciudad de La Paz. El  evento fue organizado por en Instituto de Investigaciones Socio-Económicas de la Universidad Católica (IISEC) y el Instituto Boliviano de la Montaña (BMI), en el marco de la red internacional del Proyecto CELAClimate Change Technology Transfer Centres in Europe and Latin America. Dicho seminario tuvo como objetivo principal “llamar la atención sobre la situación especial, de alta vulnerabilidad, de los ecosistemas y comunidades humanas en zonas altoandinas frente al cambio climático”.

Presentamos a continuación el texto de la exposición introductoria exposición introductoria a cargo de mi persona.

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Por Dirk Hoffmann, 16 de Noviembre de 2012
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El “efecto invernadero”, también llamado “efecto estufa” es el mecanismo primordial que ha permitido la vida de plantas, animales y hombres en la Tierra durante los últimos millones de años. La concentración de ciertos gases en la atmósfera, como por ejemplo del dióxido de carbono, define la temperatura de nuestro planeta.

Desde finales de la última época de hielo, hacia aproximadamente 12.000 años atrás, la concentración del CO2 se ha mantenido constante en alrededor de 280 ppm (partes por millón), garantizando condiciones climáticas relativamente estables por milenios.

Debido al vertiginoso aumento de las emisiones de CO2 desde inicios de la industrialización, sin embargo, la concentración aumentó a casi 400 ppm en la actualidad, provocando un desbalance climático global.

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Uno de los problemas en la comunicación del calentamiento global: el CO2 en la atmósfera es invisible

La composición de la atmósfera tiene una importancia primordial para el balance energético de la Tierra. El aire se compone de varios gases, que varían mucho en volumen: 78% es nitrógeno (N2), casi 21% es oxígeno (O2), el 1% restante son diferentes gases. Dentro de ellos, el dióxido de carbono (CO2), que a pesar de su escasa existencia que se mide en “partes por millón” (ppm), es el gas más importante, seguido por el metano (CH4), por su alto poder de efecto invernadero. Estos dos últimos gases, en especial, están en buena medida directa- o indirectamente relacionados con la actividad del hombre. También afectan el clima el contenido de vapor de agua y diferentes aerosoles, partículas compuestas muy pequeñas (NO2, SO2, entre otros).

La composición de gases de la atmósfera determina la cantidad de energía solar que llega a la superficie de la Tierra, y también determina la cantidad de energía reflejada que es transportada otra vez fuera de la atmósfera, es decir: el balance energético de nuestro planeta. El “efecto invernadero” es, por ende, un fenómeno natural, que tiene por consecuencia que nuestra atmósfera en vez de contar con una temperatura promedio de 15° C bajo cero, sea aproximadamente 30 grados más caliente, es decir aproximadamente 15° C, que si estuviera sin él. Gracias a este efecto es posible la vida en la Tierra como la conocemos. Sin embargo, cambios relativamente pequeños en la composición de estos gases en la atmósfera, pueden alterar fundamentalmente este balance energético, por lo que es muy importante entender el complejo ciclo de carbono de la Tierra. 

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Venus está más cerca al Sol que la Tierra, pero debido a su cobertura de nubes solo absorbe el 25% de la luz solar, mientras que la Tierra absorbe el 70%. Venus es más caliente porque tiene una atmósfera densa en dióxido de carbono, que causa un efecto invernadero de varios cientos de grados. Fuente: Hansen, 2010

 El ciclo de carbono es un mecanismo complejo de circulación global del carbono entre los diferentes ámbitos del sistema de la Tierra. Hay intercambios naturales entre los océanos y la atmósfera; la biodiversidad y la atmósfera. Hay enormes cantidades de carbono almacenadas en los bosques y la vegetación del mundo, como también en el permafrost, que son los suelos permanentemente congelados de las regiones árticas. El carbono almacenado en el permafrost es la herencia de biomasa acumulada durante millones de años de temperaturas más altas. Otra forma de almacenamiento de carbono es el CH4, comúnmente conocido como metano, un gas de efecto invernadero (GEI) mucho más potente que el CO2, pero de una duración de vida en la atmósfera mucho más corta.

Para entender la historia climática del planeta, no es necesario entrar en un análisis detallado de cada un de los diferentes gases de efecto invernadero; es suficiente analizar el comportamiento del dióxido de carbono o CO2, que es el gas “indicador”.

En tiempos geológicos, siempre ha habido una correlación muy estrecha en el contenido de CO2 en la atmósfera y la temperatura del planeta, un balance que ha funcionado en ambas direcciones; a veces el cambio de temperatura ha provocado un cambio en la concentración del dióxido de carbono, a veces ha sido al revés. Pero siempre estos cambios y ajustes se han dado sobre tiempos muy largos, como mínimo unos miles de años.

Durante los últimos 12.000 años, desde el final de la última era de hielo, las concentraciones de CO2 se mantuvieron constantes, alrededor de los 280 ppm, por lo cual las condiciones climáticas han sido muy estables. Es sobre este trasfondo que se ha desarrollado nuestra civilización humana, desde las primeras actividades agropecuarias y de los primeros asentamientos humanos, pasando por las culturas antiguas de la China, de Mesopotamia, Egipto, Grecia, de los Romanos – hasta los tiempos de la revolución industrial que se inició en Inglaterra a finales del siglo XVIII y comienzos del siglo XIX y que luego se expandió por toda Europa, y que ahora se ha extendido a la gran mayoría de los países del mundo.

 

 

 

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Por Dirk Hoffmann, 12 de Noviembre de 2012

Lo que ya se suponía. Ahora tiene un sustento científico: La deforestación masiva en la Amazonía, estimada entre 350 y 400 mil ha anuales, sólo en la parte boliviana, tiene impactos directos en las precipitaciones.

Según el estudio con el título algo complicado “Observaciones de incremento de lluvias tropicales antecedido por el paso del aire encima de bosques” (Observations of increased tropical rainfall preceded by air passage over forests) publicado recientemente en la revista Nature, con las actuales tendencias de deforestación se reducirán las precipitaciones en la cuenca amazónica hasta 2050 en 12% durante la época de lluvias y en 21% en época seca.

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Ejemplo del 2001 para la trayectoria de los últimos 10 días de las lluvias en la Amazonía. Los cuadraditos negros muestran las cuatro regiones analizados en detalle. Fuente: Spracklen et al. 2012.

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Por Dirk Hoffmann, 09 de Noviembre de 2012

Aunque en el pasado hubo interesantes consideraciones e investigaciones sobre la atmósfera, su contenido de dióxido de carbono y su relación con la temperatura del planeta, como por ejemplo aquellos realizados por el sueco Arrhenius a finales del siglo XIX, recién en los años 80 del siglo pasado, el mundo tomó conciencia de los efectos del aumento de los gases de efecto invernadero en la atmósfera sobre la temperatura del planeta.

La actual tendencia de los escenarios globales indica un potencial aumento de la temperatura global de entre 4° y 6° C durante este siglo. Estudios paleoclimatológicos nos indican que la concentración de gases de efecto invernadero actual está entre las más altas de los últimos 20 millones de años.

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El Cuarto Informe (AR4) del IPCC de 2007. Fuente: http://ipcc.ch

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Por Dirk Hoffmann, 05 de Noviembre de 2012

El paso desastroso del huracán “Sandy” por buena parte del noreste de los Estados Unidos y Canadá a fines de octubre, se lee como el diario de un desastre anunciado. Por un lado, por varios años científicos de EE.UU. están alertando sobre la inminencia de un huracán de gran magnitud que afectaría a la ciudad de Nueva York. Por otro lado, hace décadas los climatólogos están alertando acerca del impacto del calentamiento global sobre la magnitud de las tormentas y el aumento de las precipitaciones durante eventos extremos.

En resumen, desastres como aquellos causados por Sandy  son nada más que nuestro business-as-usual, nuestra nueva realidad en la transición a un mundo todavía más impactado por el cambio climático durante las próximas décadas.

La principal pregunta que nos trae Sandy es en realidad, ¿es este el futuro que queremos?

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Imagen satelital del huracán “Sandy” en la costa oriental de Estados Unidos el día 29 de octubre por la mañana. Fuente: NASA.

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